viernes, 18 de marzo de 2011

EMPATÍA EGOISTA

Estamos acostumbrados a que los desastres naturales ocurrieran en lugares exóticos y nuestra consternación se agrupara con el sentimiento de pena que tendríamos al ver un día normal en la vida de estos.
Por esto la empatía hacia los que sufren en estos territorios la furia de la naturaleza,  es más fácil ponerlas en ``velocidad crucero´´. Quiero decir que ya estamos acostumbrados a ver a un niño Haitiano con moscas alrededor y la mirada perdida. Verlo con escombros alrededor nos cambia poco el sentimiento del que ya conocia el dolor de ese pueblo.
Sin embargo cuando el problema surge en lugares como, Nueva Orleans con el Katrina o en estos dias Japón, además de una mínima preocupación por los afectados, en nuestro interior se nos enciende una alarma. Esta alarma se nos enciende dando señales como, nerviosismo por los hechos, interes por el conocimiento continuo de la situación o querer conocer los motivos por los que ha sucedido.
La situación con los lugares primeramente citados sería distinta, se nos despertaría una vena paternalista y la gran llama de humanidad producida por una explosión se irá diluyendo con el tiempo, haciendo en nuestras mentes normal, que la mayor miseria de estos pueblos haya sido cuestión del azar y que cambiar las cosas es utópico por lo tanto apartado al olvido.
La alarma se nos enciende porque vemos, que en nuestro maravilloso mundo ``avanzado´´ también somos vulnerables. Japón y EEUU son dos grandes potencias, y se vieron desbordadas por el ímpetu de la naturaleza, indefensos ante su fuerza e inútiles en sus sistemas de protección.
El miedo es capaz de hacernos tener una mayor empatía con los Japoneses que con los Indonesios, por los que solo sufrimos pena. Queremos con mayor fuerza que el pueblo Japones salga adelante por el miedo. Intentamos ver que seguimos siendo indestructibles, que todavia le tenemos ganada la partida a la naturaleza, que no puede destruir con un simple temblor millares de vidas ``avanzadas´´.
Por Fukushima nos vemos más vulnerables, y está vez además de mandar ropa y agua potable, seguro que los gobiernos aprobarán medidas para protegerse (a sus economías más que a sus ciudadanos), y se abrirán debates para mejorar las medidas de detección de desastres, los protocolos de actuación, la coordinación entre aliados para protegerse. En fin buscar soluciones para no verse afectados ellos.
Sintiendo mucho el dolor que están sufriendo los nipones y deseando que nada vaya a más y les haga más fuerte, el siguiente cataclismo volverá a ser en Indonesia, en Haiti, en Chile, en Turquía y volveremos solo a poner cara de pena y mandarles ropa y agua potable, para que sigan sobreviviendo en su miseria.

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